“Ahora mismo no me interesa más que una cosa. Lo que más quiero es volver a la normalidad. No sé cuándo podremos recuperarla, pero desde luego es casi lo único que me importa”

 

La frase es de una conversación que he mantenido hace poco con un cliente, pero podría ser perfectamente la predominante en las de multitud de personas hoy en día.

Tras casi dos años de emergencia por una pandemia que ha cambiado la vida de prácticamente todos, algunas pistas están apuntando a su superación. Y son precisamente esos indicios los que han despertado en nosotros la esperanza de poder abandonar todas las rutinas y actitudes que hemos tenido que autoimponernos debido a una situación que consideramos excepcional.

Más allá de las consecuencias a nivel de comportamiento social, que probablemente se reflejarán en cambios de los modos de vida de las sociedades en los años venideros, las personales son las que aquí y ahora centran nuestra atención. Y el haber tenido que modificar a la fuerza muchas de nuestras propias rutinas y actitudes anteriores, que ya formaban parte de nuestra vida, ha provocado que nuestro equilibrio emocional y mental se resienta. En ocasiones, incluso mucho.

 

Una amenaza para la salud mental

 

En otra conversación, una amiga psicóloga me confesaba su honda preocupación por el aumento en la cantidad de desórdenes mentales graves que detecta en sus pacientes. Y ponía el acento de esa preocupación en los casos con tendencias suicidas asociadas.

Este reciente artículo hablaba de una escalofriante cifra en España, 10 personas al día que lo consiguen, muy por encima de los muertos por accidentes de tráfico, con un número evidentemente mucho mayor de tentativas.

Según datos de la OMS 700.000 personas acaban con su vida en el mundo al año. Y no son cifras que tengan tendencia a disminuir. Mas bien y debido al radical cambio en las condiciones de vida y a todas sus consecuencias emocionales y mentales, todo lo contrario.

Y gran parte de esos desórdenes mentales que causan tan funestas consecuencias, son debidos a vivir continuamente en estos momentos, en la más completa y total incertidumbre. Y cuando queremos salir de ella, encontramos que las posibles soluciones, por razón de las circunstancias, tampoco permiten prever los resultados. La vida se convierte en un círculo sin certidumbres, sin aparente control.

Cuando expresamos nuestro deseo de volver a la normalidad, nos referimos más al deseo de salir de ese círculo de incertidumbre, que el deseo real de volver a la misma vida que teníamos anteriormente. Clic para tuitear

 

 

Es esa misma incertidumbre la que no permite que creemos las zonas de confort que habitualmente utilizamos para movernos. Zonas estables, conocidas, seguras para nosotros.

Es decir, lo que añoramos es el equilibrio, conocer los limites donde nos movemos, la tranquilidad de saber en dónde estamos y a donde nos dirigimos. Justo lo que, más o menos, creíamos disfrutar en nuestra vida anterior. Precisamente rutinas, actitudes y creencias a las que nos habíamos acostumbrado.

Y por eso lo personalizamos como “nuestra normalidad”. Y es “allí” a donde queremos volver siempre, claro.

 

¿La “nueva normalidad” es tu “nueva normalidad”?

 

Políticos y medios de comunicación introdujeron hace unos meses este concepto en nuestras vidas, a todas luces un recurso para convencer a la ciudadanía de que lo anormal sería ahora lo normal.

Bajo mi opinión, obviamente subjetiva, nada más que otro peldaño en la escalada del “trágatelo y sigue”, que más que tranquilizar ha conseguido en muchos casos el efecto opuesto.

El caso es que esa “nueva normalidad”, genérica, estandarizada (aunque con sesgo parcial) y prefabricada, no tiene que ver nada con la de la mayoría de las personas consideran como “su” normalidad, personal, intransferible, única y adaptada a cada uno. Una normalidad que (¿sorpresa?), fabricamos nosotros mismos.

Así es. La normalidad es individual, no existe la normalidad única. Y aunque parte venga necesariamente forzada por circunstancias que no podemos cambiar, la realidad es que somos capaces (hemos sido capaces siempre) de cambiarla a nuestra voluntad. Aun sin tener conciencia de ello.

Precisamente el ser conscientes, entre otras cosas, de nuestra propia capacidad para crear nuestro presente y nuestro futuro es una de las enseñanzas que creo deberíamos extractar de esta complicada situación actual.

Darnos cuenta de que, en realidad, hemos cedido el poder para hacerlo y disponer del mismo, a otros y que somos precisamente nosotros los que podemos cambiar esa deriva tan dañina para nuestro bienestar mental y emocional y en definitiva el general, es ahora la llave para salir de esa incertidumbre que nos está consumiendo.

Tomar el poder significa tomar el control. Y tomar el poder sobre nosotros mismos también conlleva lo mismo. Clic para tuitear

El control sobre nuestros pensamientos, nuestro lenguaje, nuestros comportamientos. Tomar el control significa decirle (y demostrarle) a nuestro cerebro, que somos los creadores de nuestro presente. De lo que decidimos, como nos comportamos y, en definitiva, lo que vivimos.

 

El poder de ser consciente y crear.

 

Esa es la nueva normalidad personal que puedes crear. La tuya. Volver a la normalidad pasa por volver a recuperar el control sobre tus acciones y decisiones. No porque te cuenten películas. No porque te digan lo que puedes o no puedes hacer.

Y para recuperar ese control, no hay nada mejor ni más rápido que la PNL. Estoy trabajando con diferentes personas estos meses que vuelven otra vez a recuperar su normalidad y con ella su equilibrio mental y emocional, sin hacer todo lo que antes hacían.

Algunos incluso han hecho cambios profundos con asuntos que antes de la pandemia les preocupaban y han generado su nueva normalidad. Empiezan a vivir la vida que quieren vivir sin necesidad de tener que volver a la de antes de la pandemia.

Sencillamente empiezan a ser conscientes de que el poder está en ellos mismos. El poder de gestionar sus emociones, sus comportamientos, sus pensamientos y en consecuencia y a través de ello, de conseguir la vida que desean. Su nueva normalidad personal.

Y si tu estás por la labor de ser libre, crear tu presente de normalidad y construir tu futuro, ponte en contacto conmigo y descubrirás que es mucho más sencillo de lo que parece.