Cómo superar el dolor interior provocado por ciertas situaciones que surgen en el desarrollo de nuestra interacción diaria con la vida, es una de las grandes preguntas que todos los días se hacen millones y millones de seres humanos. Me refiero al dolor interno, el que algunos llaman «del alma», ese que a veces es mucho más agudo y persistente que el físico.

Algunas de esas situaciones disparan en nosotros una respuesta emocional mucho más intensa de lo habitual. No pueden definirse exactamente cuales van a provocarla y qué nivel van a tener, pues cada persona es diferente. Incluso nuestra propia sensibilidad puede percibir las situaciones con niveles diferentes de intensidad en cada momento o circunstancia. Y un inconveniente que en otros casos pudiera resulta normal, impacta de forma más dolorosa en un momento concreto de nuestra existencia.

Por esas razones no existe un «libro de instrucciones» para prevenir el dolor interior. Cómo con el miedo, es necesario convivir con él, aceptarlo y controlarlo, siendo conscientes que nunca vamos a poder acabar con él para siempre, ni por supuesto estamos libres de que nos visite. Pero el dolor interior puede ser mucho más incapacitante y tenaz que el propio dolor físico ¿Y cómo podemos, al menos, dominarlo y superarlo?

La vida es la gran escuela

Durante gran parte de mi propia existencia ese dolor me ha perseguido. De hecho, no recuerdo que nunca haya llegado a dejarme del todo. Evidentemente han existido periodos en los que no era consciente de él, entiendo que debido a que estaba viviendo otras experiencias emocionales de signo contrario al mismo, que sobrepasaban su efecto. Pero siempre hay algo que no solucionaste o que debes de solucionar, un acontecimiento inesperado, que de nuevo te muestra la evidencia.

Aclaro que mi vida es una vida normal, nada que se pueda entender como excepcional. Es como la de otros seres humanos. En mí y a mi alrededor han sucedido decepciones, problemas de todo tipo e intensidad, frustraciones y sucesos que no esperas y que causan diferente impacto, como las enfermedades o las pérdidas. Exactamente como en la vida de todas las personas de este mundo, en mayor o menor intensidad. Yo se que a tí te duele algo interiormente, incluso aunque en este mismo momento no lo percibas.

He llegado a preguntarme cuál era el estado normal del ser humano, si el del dolor o el de la ausencia del mismo. Más tarde descubrí que el estado normal era ser consciente. Consciente de lo que te sucede en cada momento de la vida, sea bueno o malo, mejor o peor. Y vivirlo de la única forma que puedes hacerlo sin daño, con la aceptación. Aceptar la dicha, el júbilo o la paz interior de la misma manera que aceptamos el miedo, la ira o el dolor interior. Es el ejercicio de la vida y la mejor forma que existe de vivirla.

Como siempre, a lo que te resistes, persiste

Esta frase pudiera parecer hecha, pero encierra una verdad absoluta. No fluir con los acontecimientos, no aceptar lo que nos depara la vida, sea lo que sea, incrementa y mantiene el efecto de eso que no queremos que nos suceda. A partir de ahí, entiendes que has de generar pequeños «antídotos» o «aspirinas» contra lo inevitable, al menos para llevarlo de forma que no te incapacite. No resistirse es un gran paso, pero conseguir superar su efecto, aunque esté ahí, es definitivo.

Yo he desarrollado recursos, herramientas y métodos para gestionar mi propio dolor, por intenso que fuera. En algunas fases de mi vida, si no lo hubiera hecho, hubiera probablemente sufrido algo más que ansiedad y malestar. He pedido, por supuesto, ayuda. La ayuda es necesaria siempre, para que puedas ser capaz de gestionar tus recursos y emplearlos con eficacia. Nadie puede solo, convéncete. Con los años se ve mucho más claro aunque a veces parezca que nada puede afectarte.

Y a partir de desarrollar esos recursos, de saber gestionar mi propio dolor, he conseguido desarrollar una sensibilidad especial al dolor ajeno, para ayudar a que otras personas puedan gestionarlo también. Ellas mismas, con su método y herramientas. Porque mi realidad es diferente de la de los demás y lo mío no tiene que valer para lo tuyo. Con los años vividos y tras tantas experiencias, tanto profesionales, como personales, en mi propio entorno con mis familiares y amigos, puedo decir que tengo muy claro cómo ayudar a alguien que sienta dolor interno, sea quien sea.

Buscar eso que nos pertenece

Esa es la manera. Yo te ayudo a buscar eso que solo te pertenece a tí y que hace que puedas dominar tu dolor interno. Tu capacidad de perdón, tu propia experiencia anterior, tus motivaciones y retos, tus valores, tu misión en la vida. Se trata de poder convivir con él cuando te visite. Que tengas la capacidad de verlo como algo necesario incluso para crecer, porque de ese dolor sale experiencia y de la experiencia aprendizaje. Y solo aprendiendo crecemos.

Es mi forma de devolver a la vida, al universo, a la humanidad, llamémosle como queramos, lo que la propia vida me ha enseñado con tanta generosidad, la capacidad de poder sentir el problema a través del dolor, para poderlo resolver. Y crecer. Así es como se logra y así es como llevo casi diez años mostrando el camino para que las personas doloridas, afligidas, desesperadas algunas, puedan seguir viviendo y creciendo.

Y no me duelen prendas en decir que soy condenadamente bueno en ello.