Dice Frank Pucelik, uno de los co-creadores de la PNL, que las contradicciones internas son las responsables del 90% de los trastornos de las personas. Más allá de un porcentaje u otro, lo cierto es que las contradicciones internas no son en sí dañinas. Lo que sí es dañino, asegura Frank, es su mala integración. Y en efecto, no somos capaces de integrar unas experiencias con otras, ambas vividas y presentes en nosotros a la vez. Y por ahí llega el conflicto.

Vamos con unos ejemplos

  1. Imagina que tienes sobrepeso. Seguro que has experimentado esa sensación de zozobra, cada vez que una parte tuya “te ha dicho” claramente que debes perder ese sobrepeso por salud, lo cual entiendes y razonas perfectamente.  Y otra parte tuya, en cambio, te dice “mira que rico” cuando pasas por delante de una pastelería. También esto es razonable, porque realmente esos pasteles están buenísimos y a tí te encanta el dulce. Muy bien, ambas partes tienen razón intrínsecamente ¿y entonces? ¿A quién hacemos caso sin que una de esas partes (las dos son nuestras, recuerda), sufra y lo pase mal?
  2. Una relación profesional con un socio, con una cierta duración y trayectoria, se ha deteriorado a lo largo del tiempo y los resultados actualmente no son buenos. Una parte de ti puede estar pensando “debo acabar con esta relación porque ya no es productiva y genera más problemas que beneficios”. Y otra parte puede reflexionar “no quiero dejar esta relación porque nos ha costado mucho construir esto juntos y además tengo aprecio a mi socio”. Aquí no hablamos de kilos de más, hablamos de emociones, de sentimientos, de algo mucho más profundo y de más calado ¿Cómo resolvemos esto?
  3. Y un tercero, muy clásico en los procesos de coaching: No te satisface tu trabajo en este momento de tu vida y te gustaría emprender por tu cuenta en algo que te apasiona. Una parte de tí pensará “De emprender nada. Tengo que pagar las facturas y además tener una buena pensión al final de mi vida laboral” , mientras que la otra probablemente se ilusionará cuando piense “Voy a trabajar en lo que me gusta. a mi aire, sin horarios y siendo mi propio jefe ¿que mas puedo pedir?”. En este caso es la pura lucha interna entre la seguridad y la ilusión. Casi nada.

Bueno ¿Y qué podemos hacer ?

En este caso , la PNL cuenta con una herramienta magnífica para estos casos llamada integración de partes (en inglés DST – Dissociated State Therapies ). Se trata, en esencia, de descubrir  si hay una intención positiva en común de las dos partes, inicialmente en conflicto, que pueda valer para el uso de la persona. Esto es, qué puede aportar a la persona cada parte para constituir un conjunto que le sirva de manera positiva y acabe con el citado conflicto.

No es necesaria siempre una integración. Hay veces que las dos posturas internas están muy encontradas y puede ser difícil que encajen en su totalidad la una con la otra. Por esa razón, también puede llegarse a una solución final del problema mediante una negociación entre esas partes que la persona valore y acepte. Lo verdaderamente importante es que finalmente se llegue a una conclusión en la que de una forma u otra esté lo positivo de cada parte y que sirva para que la persona tome una decisión final y acabe con la contradicción.

En este proceso no es tan importante saber qué es lo que está viviendo o le está sucediendo a la persona con la presencia de la contradicción, como entender cómo se está creando el problema o bloqueo en su mente. Es decir, el proceso mental que lo da origen. Esa es la llave, puesto que creamos los problemas pensando. Los recursos de la PNL permiten identificar esos procesos y facilitar que la persona desentrañe las partes negativas que siempre va a estar en conflicto y reconozca las positivas, con lo que pueden aportar a la persona.

Siempre hay que partir de unas bases

Y en este caso son las tres de siempre:

¿La persona quiere estar bien de verdad? ¿Quiere de verdad eliminar su malestar?

¿Hay un compromiso real, sin vuelta atrás, de trabajar en eliminar su malestar y después evitar que vuelva a surgir?

¿Con qué recursos cuenta o cree que cuenta la persona para llevar a cabo este trabajo?

Sin esto, como en la mayoría de los procesos, no hay nada que pueda hacerse. Solo cumpliendo estas tres premisas se puede trabajar para llegar a una buena solución, que se mantenga durante tiempo y que no resulte solamente temporal. No hay otra forma de que esas partes internas en conflicto puedan descubrir cómo se van a ayudar mutuamente y cómo van a interactuar, cooperando de forma positiva, para el beneficio de la persona.

En el primer ejemplo, sin ir más lejos, las partes podrían cooperar reduciendo el dulce o simplemente sustituyéndolo por otro alimento menos dañino, con menor cantidad de azúcar o grasa por ejemplo. O seguir una dieta saludable permitiendo una “alegría” de vez en cuando de forma controlada, para “premiar”, por ejemplo la pérdida de peso. Incluso ese “premio” puede ser, perfectamente, de otra índole, como un viaje o un capricho.

Lo importante es que al final exista un nuevo estímulo

Lo verdaderamente importante, como hemos señalado, es llegar a una conclusión positiva mediante el trabajo con PNL que beneficie a la persona y generar un nuevo estímulo que sustituya a la lucha interior entre las partes en contradicción. Y después, el buen profesional  debería finalizar su trabajo facilitando mantenerlo en el tiempo, planteando un nuevo patrón ante el nuevo estímulo y usando un “anclaje” que permita generar la respuesta automática que queremos ante el mismo (hablaremos de las anclas en futuros posts).

La gran diferencia de la PNL está en permitir que las personas revelen y entiendan sus estructuras de comunicación, externas e internas, de forma que puedan pensar, comunicarse y gestionarse de forma mucho más lógica y productiva. Y eso, ya lo sabemos, conduce invariablemente a una vida mucho más plena, consciente y feliz.

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