Evitar el error no evita la culpa

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Evitar el error no evita la culpa

Estos días se ha hecho popular el nombre de un portero de fútbol. Se llama Loris Karius, es alemán y juega en el histórico equipo británico del Liverpool FC. Su popularidad ha sido debida a una circunstancia tremendamente adversa para él. En la última final de la Champions League, cometió dos errores fatales para los intereses de su equipo, facilitando con los mismos dos goles estratégicos de sus rivales (el primero, al inicio de la segunda parte, y el que definitivamente cerró el marcador y anuló cualquier posibilidad de reacción, a diez minutos del final).

La imagen de Karius a través de la televisión, entre sollozos, pidiendo perdón a los aficionados del Liverpool por su actuación, se ha quedado en las retinas de muchos. Y las redes sociales, en su función de notarios de la actualidad, como diría un famoso periodista deportivo, se han hecho eco de ello de forma realmente inusual, destacando la humildad del jugador al pedir perdón  de la manera que lo hizo, e incluso compadeciéndole y animándole, (haciendo uso de una rara empatía en las redes, hay que decirlo), por haber cometido esos errores que le llevaron a centrar en él mismo la responsabilidad de la derrota. Una culpa que reflejó de un modo muy concreto en las imágenes que han dado la vuelta al mundo (eso, o es un actor estupendo que podría tener una buena alternativa al fútbol en la interpretación).

Fuera de que esa última circunstancia nombrada (la asunción de la culpa de un hecho del que Karius no es el único responsable ni mucho menos, pues no depende completamente de él la derrota), el temor al fracaso es uno de los condicionamientos mas poderosos que tiene el ser humano para limitar su libre albedrío y su capacidad de decisión.

No estamos nadie en la mente del portero, pero si su rendimiento profesional e incluso su desempeño personal fuera de su trabajo, se viera mermado en el futuro inmediato por el recuerdo de sus errores, habría que trabajar con él de forma adecuada para que supere el trauma resultante de la culpa. De igual manera, el recuerdo de un error en cualquiera de nosotros puede influir personal o profesionalmente de una forma decisiva, hasta el punto de bloquearnos mentalmente a la hora de perseguir objetivos de cualquier índole. Todo ello porque nos provoca sentimientos de culpa en mayor o menor medida. Realmente no tenemos miedo al error, sino a experimentar la culpa resultante del mismo.

Con muchísima frecuencia, un número muy significativo de personas no toman la decisión de ponerse en marcha para alcanzar un reto, un objetivo o simplemente provocar cambios en su vida, por un temor atávico al error, que identifican muy frecuentemente con una consecuencia de este, el fracaso, y por tanto con la losa asociada de la culpa.

Pues un error no es un fracaso, ni siquiera sus definiciones gramaticales son las mismas según el diccionario. La contumacia en el error sin poner remedio alguno para no cometerlo sí que constituye un fracaso.

En algunas ocasiones, la cosa se complica mucho más, porque si se consigue tomar la decisión de empezar y ponerse en el camino del logro, el temor puede surgir al mínimo contratiempo de forma inesperada, de manera que la persona abandone antes de conseguir nada y con un gran gasto de energía desperdiciada.

“Persistir en el intento” es una expresión que no existe en el vocabulario de la persona que actúa. Y muchas veces esa persistencia, superando los errores a base de analizarlos, enmendar lo que haya que enmendar y seguir intentando cosas, es el elemento básico que distingue a las personas que sí alcanzan sus deseos, de las que eternamente están frustradas por no lograrlos.

En otras, ese temor al error lleva en muchas ocasiones a dedicar demasiado tiempo al análisis. Pensar, planificar, medir, repensar, replanificar, medir de nuevo, en un bucle continuo que impide lo mas importante de todo cuando queremos alcanzar un objetivo, la acción. Nos encontramos ante la famosa expresión “parálisis por análisis”, que mas que definir a personas muy cuidadosas con la planificación, define a personas con miedo a cometer errores. Un intento de autoprotegerse en la comisión del error, pero a costa de encerrarse en una jaula de la que no se puede salir fácilmente.

En ninguna de los dos planteamientos, en cambio, se consigue evitar la culpa. Bien sea por haber abandonado o por no haber comenzado, la culpa sigue existiendo y presentándose, esta vez mas interna, con un sentimiento añadido de decepción hacia nosotros mismos, tremendamente más dura que en el caso de nuestro querido Loris Karius, porque existe una importante diferencia: Él sí lo intentó hasta el final.

Quizá obtengamos una falsa conclusión al pensar que, de cualquiera de las dos formas anteriores, abandonando o autoprotegiéndonos, podremos evitar el error. Pero no es menos cierto que, al hacerlo, habremos fracasado completamente en nuestro propósito de reto o de cambio. Y la culpa, repito, como última y fatal consecuencia que es verdaderamente la que nos influye a largo plazo en nuestra vida, seguirá permaneciendo.

Solo Loris Karius puede valorar el grado de afectación que sus errores le han provocado. Si estos le impiden desempeñarse profesionalmente de forma correcta, poniéndose en manos de ayuda y apoyo profesional y realizando su parte del trabajo en ese sentido, volverá a ponerse los guantes de portero cuando comience la Premier League en Inglaterra a finales de agosto y se situará al inicio del partido debajo de los palos de la portería.

En ese caso, Loris continuará en su lucha profesional por conseguir sus objetivos que un día decidió emprender. Y con toda seguridad, si continúa en esa línea de trabajo y se esfuerza, una vez reintegrado a su labor, en pulir sus errores a través del entrenamiento, se convertirá en un gran deportista. De esos que podrían incluso llegar a trascender. Solo él tiene la llave.

Exactamente igual que tu. ¿Quieres convertirte en lo que deseas y no consigues por miedo a cometer errores? ¿Estás abrumado por la culpa de no haber podido estudiar aquello, emprender tal o cual reto, deshacer o rehacer esa relación o abordar este u otro desafío?

Haz el ejercicio de valorar dos cosas: Hasta qué punto el miedo a errar te impide vivir como tú quieres y si la ayuda y el apoyo de un profesional que trabaje contigo en encontrar y resolver las claves que te liberen de esa rémora, te puede ayudar a hacerlo o no.

Al fin y al cabo, la llave para resolver tus problemas siempre la tienes tu, exactamente igual que Karius. Recuérdalo bien.

 

By | 2018-05-29T16:03:05+00:00 mayo 29th, 2018|Celebridades, Coaching, Desarrollo personal|0 Comments

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