El autor francés Olivier Bouyssi, definido por algunos como “la persona más optimista del mundo”, sufrió en su día un terrible accidente por el cual fue hospitalizado. En el centro médico donde le atendieron recibió una transfusión de sangre contaminada con el VIH. A partir de esa terrible experiencia y sus efectos, Olivier escribió el libro de su viaje contra la adversidad, contra esa “mala suerte” que algunos simplemente aceptan y se conforman, aun maldiciéndola. Un libro muy recomendable y muy inspirador llamado “Feliz contra todo pronóstico”, en el que se pregunta, simplemente, por qué el dolor, la enfermedad o incluso la posibilidad de la muerte, tienen que presentarse para darnos cuenta de lo maravilloso de nuestra existencia.

El ejemplo de Olivier, “Zit” para los amigos, es algo que quisiera, en unas pocas líneas, utilizar para señalar la fundamental importancia de tomar las riendas ante la llegada de situaciones adversas. Solemos tender cuando éstas se presentan a clamar contra nuestro mal fario,  a sentirnos las personas más desgraciadas del mundo por ello y martirizarnos, bien echándonos la culpa, bien reforzando con afirmaciones la creencia de que hemos venido a este mundo a sufrir. O incluso peor, a veces tendemos a conformarnos, sin muestra de rebelión alguna. Síntomas de muerte en vida, lo llamo yo.

Y eso no parece una buena práctica, desde luego. Es bueno tener claro que saber «tomar las riendas» ante la adversidad, significa saber tomar también las de nuestra propia vida. Asumir conscientemente el no dejarnos conducir y manejar por las circunstancias. Renunciar a hacernos esclavos de nuestras más oscuras creencias repetidas hasta la saciedad. Aceptar, definitivamente, que nada de lo que nos pasa nos es ajeno. Y que lo que nos causa dolor o malestar debemos trabajar en solucionarlo. Dar un paso al frente y asumir que hemos venido a este mundo a algo más que a aceptar un destino que no está mas que en nuestra mente. Somos seres únicos y tenemos un propósito en la vida. Y te garantizo que este no es, ni por asomo, sufrir.

Como Zit, tú eres perfectamente capaz de hacerlo. Nada te lo impide salvo tu mism@. El lamentarte sin hacer nada es solo otra excusa para no ocuparte de ti, para dejarte definitivamente de querer, para permanecer en una existencia «anestesiada» y fácilmente manipulable. He escuchado muchas veces a mi madre: “Todo tiene solución menos la muerte”. Así que, mientras estés vivo, renuncia a la queja, toma el control y se dueño de tu entera existencia. Te lo debes. A ti y a los que quieres.

 

Cuando una tormenta se desata en alta mar,

jamás piensas «¿por qué a mí?»

No. Sólo actúas…

hasta que la tormenta ha pasado.

Ante una adversidad de la vida,

tampoco sirve preguntárselo.

(Olivier Bouyssi)