Esta entrada no trata sobre la insatisfacción positiva. La motivadora. La sana. La que te lanza a mejorar contínuamente y convierte esa mejora en una meta adicional a todos tus retos.

La insatisfacción a la que me refiero es otra. Mucho más común que la «sana». También mucho más dañina.

Es esa sensación de carecer de «algo» que realmente no sabes lo que es, pero que está ahí y que provoca ansiedad, zozobra y angustia  ¿Te suena? Una carencia muchas veces introducida a la fuerza en mensajes publicitarios, por la presión del grupo humano al que pertenezcas o de las tendencias del momento. Pero también por la falta de conocimiento íntimo y personal. De la consciencia sobre quien eres y cómo funcionas.

La primera es más grosera. Más prosaica. Tiene que ver con la presión consumista y el deseo de pertenencia al grupo, que según Maslow es menos básico que el deseo de supervivencia, pero que hoy en día se ha convertido en deseo de no exclusión del mismo. Y hoy, ahí, la cosa cambia.

Valga el ejemplo de quien, con sueldo mileurista, hace cola dos días para gastarse esos mil euros en un smartphone y, obviamente, pasa varios meses malviviendo. Eso sí, con la autoestima como un pincel por estar «a la última». Aclaro que me refiero a la autoestima percibida, la que va con su dosis de autoengaño incorporada, porque la de verdad se ve mucho menos lozana, hasta el punto de ser uno de los orígenes del pánico a no pertenecer al grupo.

La segunda es más sutil. Pero mucho más crónica y peligrosa. Mucho más difícil de atajar. Por que en esta ocasión tiene que ver con responder a la tres preguntas: quien eres, que haces y que quieres. Esas preguntas tan evidentes, tan fundamentales que se han convertido para muchos, quizá también para ti, en irresolubles.

Y si en el caso de la insatisfacción de tipo consumista, la consecuencia deriva en el disgusto y muy frecuentemente en la angustia, por no ser «igual» que el grupo al que perteneces o en el que deseas ser incluido, en la insatisfacción derivada de la no consciencia personal, el vacío que se abre a tus pies es mucho más profundo y aterrador. Tu insatisfacción está ahí y hace de las suyas permanentemente, provocándote esos mismos males, con la diferencia de que aquí no sabes ni de dónde viene ni cómo puedes actuar para acabar con ella.

Esta es la causa de ir «revoloteando» por diferentes soluciones para intentar cubrir ese vacío. Se llamen compras compulsivas, comida, bebida, drogas, sexo, compañías, terapeutas, libros de autoayuda o como quieran llamarse. Soluciones que intentan cubrir algo que no sabemos como es ni de dónde viene y que se prolongan en el tiempo como se puede prolongar tu agonía.

¿Y cuál puede ser la solución? Porque aquí no vale con la tirita o el analgésico. Aquí hay que abrir y operar. Desmontar, limpiar, sanear, sustituir lo que no funciona. Solo así se puede.

Saber qué te pasa implica saber quién eres. Y saber quien eres implica saber cómo nos sentimos.

Solo analizando cómo te sientes en las diferentes parcelas de tu vida, podrás tener la capacidad de saber dónde estás en el momento que haces ese análisis y cuánto te falta para llegar a ser esa persona que pretendes ser.

Es legítimo aspirar al nivel de satisfacción que cada persona determine como óptimo para todas las diferentes parcelas o áreas de su vida. Para ello hay que conocer cuales están fuera del baremo de ese nivel y emprender acciones para remediarlo.

Es así de simple, aunque en el fondo, la «madre del cordero» está en saber cuáles áreas son y cuánto de mucho o poco están alejadas del baremo, para determinar qué acciones concretas hay que llevar a cabo, sin perdernos ni en la calidad ni en la cantidad de las mismas.

Para ello, en coaching trabajamos con herramientas. Tan sencillas y tan efectivas para la reflexión como la denominada «rueda de la vida». Con este post puedes descargarte una gratuitamente aquí y empezar a trabajar con ella para encontrar la causa de tu insatisfacción.

Reserva quince o veinte minutos para tí. Siéntate y trabaja con las instrucciones que tienes al pié del documento que te has descargado. Te aconsejo que cuando acabes guardes el documento para reflexionar los días que necesites sobre ello.

Y luego si quieres y crees que es tu momento, contacta conmigo y podemos empezar a trabajar en que des un paso más hacia tu libertad. En mejorar tu vida de una vez por todas y sin esperar más tiempo.

Recuerda, solo tienes que apretar el botón.

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