El Coaching ejecutivo o empresarial, la herramienta profesional definitiva

¡Hasta ahora era cosa de multinacionales e IBEX, pero funciona mejor en PYMES!

Muchas grandes organizaciones usan el coaching como una herramienta más de gestión. La capacidad que tiene de generar claridad en los aspectos de la gestión, empoderamiento y motivación, en personas sometidas a gran presión y con responsabilidades muy importantes, hacen que sea de utilización habitual y periódica entre sus directivos y mandos. Pero ¿y en la pyme? ¿Es necesario el coaching para la pyme?

El tejido empresarial español está compuesto en un 98% por microempresas y pequeñas empresas  de tipo mayormente familiar, que operan en su ámbito local o como mucho provincial. Son además en muchos sectores en su mayoría dependientes, en cuanto a que son subcontratadas o proveen de productos y servicios a empresas más grandes. En la práctica totalidad de los casos, sus responsables son los motores de sus propios negocios. Si falla el responsable, el motor falla y la pyme no funciona.

Es por ello que el coaching en PYMES es, con diferencia, mucho más rápido y efectivo, si comparamos su incidencia en los resultados de la empresa, que en multinacionales o grandes empresas del IBEX ¿Por qué? Pues porque se aplica directamente sobre el motor del negocio (dueña/o, propietario, socio/s, etc…) y la transmisión de la mejora personal a la “salud” de la pyme es inmediata.

Es además, donde se produce un ROI (traducido como “retorno de la inversión. “Return of investment”, en el inglés original) más rápido. El dinero invertido en coaching es dinero invertido casi directamente en esa “salud” antes mencionada.

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Modalidades y particularidades

Existen dos modalidades básicas para coaching en empresas: Individual y de equipos.

Habitualmente se suele decir que el coaching “es cosa de dos”, pero cuando este se realiza en la empresa, suele existir un tercero, esta misma, que, sin intervenir en el desarrollo de las sesiones de coaching, sí ha de ser considerado en el proceso.

Normalmente es la empresa quien determina el objetivo de las sesiones y la cantidad de las mismas (aspecto que debe considerar el coach, en función de la complejidad técnica del citado objetivo). Se establece también, de común acuerdo con el coach, reportes periódicos para informar sobre la evolución de las sesiones en cuanto a los avances llevados a cabo hacia el objetivo y cuestiones generales del proceso.

En ningún caso se incluyen en los reportes o informes a la empresa, cuestiones particulares, comentarios u opiniones de la persona que está inmersa en el proceso. Esto se hace para garantizar el buen desarrollo del mismo y la consecución de los objetivos previstos. El coach debe garantizar total confianza a la persona sujeto del coaching, especialmente en lo relativo al mantenimiento en secreto de las conversaciones y deliberaciones que se mantengan en las sesiones, para que no exista ningún tipo de reservas por parte de la misma, que pongan en peligro el tratar todos los asuntos que sean necesarios para que el proceso avance.

Con respecto al coaching de equipos, a pesar de ser diferente, en tanto y en cuanto se realiza con varias personas pertenecientes a un equipo de trabajo, se mantiene la confidencialidad en cuanto a lo que se trata en las sesiones y la información a la empresa se hará también en función de los avances que se logren.